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Lo que realmente sucedió en las elecciones en Galicia

por: Ernesto (IU Vicálvaro)

24-Octubre-2012

 

La manipulación de la información ha sido siempre una herramienta poderosa de opresión y dominación, como todos sabemos. Unas veces es burda y otras veces sutil, pero siempre resulta peligrosa por la potencial capacidad de crear estados de opinión o distorsionar interesadamente la percepción de la realidad de la gente.

No es de extrañar que en el contexto de derrumbe del régimen en que nos encontramos, junto a la escalada represora y el intento de acallar las protestas populares, asistamos a episodios de desinformación premeditada y manipuladora.

Un buen ejemplo ha sucedido con la evaluación por parte de los medios de los resultados de las recientes elecciones autonómicas en Galicia. El régimen está interesado en que la ciudadanía perciba que el electorado gallego no ha castigado (contra todo pronóstico) al partido popular, y se esfuerza por repetir machaconamente datos que presuntamente lo corroboran: que si no ha aumentado prácticamente la abstención, que si el pp mantiene casi intacto su apoyo, etc. Los medios del régimen asumen el mensaje y lo repiten hasta la saciedad, pero: ¿qué hay de cierto en ello?

En la red no es difícil encontrar análisis más serios que resultan menos favorables a las tesis oficiales. Copio a continuación el que firma José Luis Vivas en Rebelión (enlace aquí):

El dato real es del 55,56%
La Xunta manipula los resultados de participación en las elecciones gallegas


Poco antes del cierre de las urnas en los recientes comicios en Galicia, aproximadamente a las 17:00 de la tarde, los medios comenzaban a anunciar el desplome, hasta ese momento, del índice de participación en casi 7 puntos en relación a las anteriores elecciones del año 2009. Pero el rumor desapareció repentinamente cuando a partir de las 20:00 el portal de la Xunta de Galicia comenzó a ofrecer los primeros datos oficiales, indicando que tal índice habría sido del 63,80%, solamente un 0,63% inferior al anterior, 64,43%, cifra que aparece en el portal de la Xunta al lado de la actual, probablemente con la intención de contrastarlos. Todo parecía volver a la normalidad.

No obstante, había un dato allí que no cuadraba, pero que parece haber pasado casi totalmente desapercibido: se indicaba que el número total de votantes contabilizados era solamente de 1.467.657, muy inferior al anterior, que fue de 1.706.198. ¿Cómo es posible que el índice de participación hubiera sido prácticamente el mismo que en 2009, mientras que el total de votantes habría disminuido en 238.541 electores? Además, si el índice de participación no hubiese variado prácticamente, ¿cómo es posible que el PP obtuviera casi el mismo porcentaje de votos que antes cuando el total de votos a esa sigla había caído de 789.427 a 653.924, un descenso de 135.493 votos o 17,2%? Los datos oficiales sobre el censo electoral hablaban de un ligero aumento en el número total de votantes en relación al año 2009. Por lo tanto, la participación no habría podido ser la misma que en 2009, con un censo similar y un número total de votantes inferior en 238.541 electores. Al menos si se estuvieran aplicando los mismos criterios de cómputo que en los anteriores comicios.

Pero al parecer no se estaban usando los mismo criterios. El problema es que tampoco se ve por ningún lado una explicación oficial sobre los métodos utilizados, ni los medios parecen haber dicho una sola palabra acerca de esa evidente inconsistencia en las cifras oficiales.

Aparentemente la causa de esa inconsistencia es que, por alguna razón que no queda clara, el censo electoral que se está utilizando en estos comicios como base para medir el índice de participación se basa solamente en el total de votantes inscritos en Galicia, 2.300.335 electores según las cifras ofrecidas en el portal de la Xunta, sin incluir a los gallegos residentes en el extranjero, que serían 397.284, tradicionalmente con un bajo índice de participación, mientras que en los anteriores comicios el censo incluía a ambos contingentes. Por lo tanto, el índice de participación ofrecido por la Xunta en estos comicios no sería comparable al del año 2009, que tenía como base a todos los votantes censados, tanto dentro como fuera de España. El porcentaje de participación ofrecido, 63,80%, habría entonces que compararlo con el porcentaje correspondiente a los votantes residentes en Galicia en los comicios del 2009, que resultó ser de 70,4%. Esta es la cifra que debería aparecer en el portal de la Xunta para contraste con la actual, no la de 64,43%. En ese caso todos podrían ver que habría habido un descenso en la participación de 6,6 puntos porcentuales, no de 0,63 puntos. Por otro lado, si utilizamos el mismo criterio que en 2009, y añadimos a los votos ya escrutados los votos emitidos en el exterior, pero que aún no han sido contabilizados, oficialmente 30.526, obtendríamos un total de 1.498.183 votantes para un censo de 2.696.513 electores, lo que correspondería a una participación del orden de 55,56%. Eso vendría a suponer un descenso en el porcentaje de participación de casi 9 puntos en relación a los comicios anteriores, y no de 0,63 puntos como ahora anuncian los medios.

Lo que se ha publicado en los medios, por lo tanto, no es la noticia de un desplome en la participación electoral en Galicia, que es lo que realmente sucedió, sino de unos hechos que son totalmente falsos. Así, el diario El Mundo, en un artículo confuso y plagado de errores que salió a luz a las 22:40 del mismo día de los comicios, cuando los resultados oficiales aún estaban acabando de publicarse, afirmaba que “mucho se habló durante la campaña electoral de que se esperaba una elevada abstención en Galicia y de que los gallegos dejarían notar en las urnas su descontento con la clase política y malestar con la situación económica actual. Finalmente, los gallegos han hablado en las urnas y no han trasmitido tal malestar”. El diario La Vanguardia, por otro lado, declaraba que “el 63,6 % de los electores en Galicia ha votado este domingo en las elecciones autonómicas, una cifra que supone una descenso de casi un punto respecto a los comicios gallegos de 2009, en los que acudieron a votar un 64,43 %; mientras que la abstención ha sido de un 36,3 % - frente al 35,57 % de hace tres años”. La Cadena Ser tampoco parecía sospechar nada: “A pesar de que la participación en las elecciones gallegas a las 17:00 horas era siete puntos inferior a la de las elecciones de 2009, al cierre de las urnas prácticamente se ha igualado con respecto a los comicios anteriores. Ha votado el 63,6% de los gallegos, frente al 64,4 que lo hizo hace tres años.” Y así en todos los medios, grandes o pequeños. Pero como hemos visto, esos datos son falsos, y no hacía falta una gran dosis de sagacidad para haberse percatado de ello.

El hecho es que lo que parecía estar a punto de transformarse en una avalancha de comentarios acerca del desplome en el índice de participación, desapareció casi por encanto tras la aparición de esos datos engañosos y contradictorios en la página oficial de la Xunta. En consecuencia, la imagen que finalmente se ha impuesto acerca de la participación en las elecciones gallegas es la opuesta a la real, permitiendo que el presidente de la Xunta declarara en tono triunfalista que "no es habitual que en una crisis como ésta, un Gobierno reciba tanto apoyo… Nunca olvidaré esta noche hasta que descanse en esta tierra gallega". En realidad, su partido ha perdido 135.493 votos, y solo la ley D’Hont y la elevada abstención ha permitido que el PP se alce con la mayoría absoluta. De hecho, menos del 25% , es decir uno de cada cuatro gallegos, ha dado el voto a su partido.

Pero, aunque sea falsa, lo que cuenta aquí es que la opinión pública se ha quedado con la imagen de una participación electoral relativamente robusta en Galicia, a pesar de la crisis, y de un rotundo éxito del actual gobierno, que de esa forma podría así legitimar ante esa misma opinión la continuidad y hasta acentuación de su política de recortes y represión. Pero quizá más inquietante aún sea observar la facilidad con que, en un tema de tanta exposición pública y mediática, se puede engañar a tanta gente con un simple juego de manos matemático que al parecer han sido realizado intencionadamente por la misma Xunta.

José Luis Vivas. Rebelión, 23-10-2012

Otros informes en la red (como este) manejan datos parecidos, aunque con pequeñas diferencias. Por mi parte, estos son algunos datos que he podido extraer de primera mano:

Censo de 2009: 2.648.276 (según documento oficial). Hubo 1.706.198 votos (incluyendo voto nulo y voto en blanco) de los cuales 789.427 (46,3% de la gente que fue a votar y 29,8% del censo) fueron al PP.

Censo de 2012: 2.696.566 (según la web de la xunta). Se dice (son resultados obviamente provisionales aún, que supongo que contabilizan ya el voto CERA, aunque honradamente no lo puedo asegurar) que ha habido 1.467.657 votos, de los cuales 653.934 han ido al PP (44,6% de la gente que fue a votar y 24,7% del censo).

Respecto al PSdeG-PSOE: pasa de 524.488 a 293.671 (pasa del 30,7% al 20% de los votantes y del 19,8% al 10,9% sobre el censo).

Por no marear mucho, una comparativa breve:

Y algunos comentarios:

 

Personalmente, creo que el bipartidismo muestra síntomas de desgaste en este país, pero creo que por ahora IU sigue teniendo dificultades para convertirse en el referente claro para mucha gente que anda deseando encontrar un proyecto al que sumarse. En este contexto lo natural sería un traslado masivo de voto del PSOE a IU que no se está produciendo tanto como sería esperable. No hablo, por supuesto, de mera aritmética electoral, sino de que el proyecto transformador y rupturista de IU tendría que ser la opción natural de muchas personas que han sido tradicionalmente engañadas por el PSOE. A fin de cuentas la base social del PSOE siempre ha estado más a la izquierda de lo que la acción política real del partido indicaba, pero hoy en día la distancia empieza a ser insalvable.

Por eso creo que es esencial hacer muy bien las cosas y arreglar como se pueda las que hemos hecho mal últimamente (ya escribiré sobre ello). Es una ocasión única de que IU presente de modo convincente un nuevo modelo de sociedad que pueda ilusionar a mucha gente. Muchos ven en el neoliberalismo al demonio y en la socialdemocracia un cadáver, y estamos en la obligación de ofrecerles un modelo creible, viable y justo de sociedad que represente un futuro por el que luchar.

Trabajaremos en ello con empeño.

 

 

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